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La educación para la ciudadanía mundial en España: Inicio del estudio.

El Observatorio de Educación para la Ciudadanía Mundial pretende dar a conocer y medir año a año los avances que realizan los profesores en la educación en derechos en España.

¿Cómo empezar este proyecto? Primeros pasos

El origen de este proyecto comienza cuando charlando con los alumnos de secundaria comprobamos que la gran mayoría de ellos desconocen qué es la Constitución, qué son los derechos y qué son las libertades. Por más que se trata de elementos presentes en su día a día y se intuya incluso en sus reflexiones (a modo de recta ratio) aun carecen de la información más básica. Por poner un ejemplo, el identificar a la Constitución española como una herramienta para la defensa y garantía de los derechos de todas las personas (y no, como nos dijeron en su día, como un “elemento opresor” de las mujeres, de las minorías, como un régimen político familiar, como un elemento que permite la pérdida de poder en favor de los migrantes, que es insuficientemente punitivo con los delicuentes, que permite la corrupción de los políticos, que deja en la ruina y sin casa a las personas…). Para una juventud desinformada, es fácil instruirles para pensar que la Constitución es la culpable de todos los males que aquejan a la sociedad, que es donde se concentra el poder de los poderosos y que la defensa de los derechos no es más que una especie de ley del más fuerte. En su lugar, falta explicarles la perspectiva que les muestra que la Constitución también es suya y que la misma es una garantía específicamente dirigida a ellos, en tanto que personas y ciudadanos.

Al hablar de esto mismo con otros agentes interesados, pudimos comprobar que no se entiende muy bien cómo se estudian los derechos humanos en el sistema escolar. Sin embargo, sabemos que comprender cómo se enseñan los derechos humanos en España contribuye con la mejora del sistema educativo y potencia la tarea del profesor al localizar las mejores prácticas, déficits y elementos de mejora. Que permite ampliar la instrucción de los alumnos con la dimensión ciudadana de la educación. Por último y quizá de forma más evidente y directa, que contribuye con la lucha contra la victimización infantil. Entendimos que educar en derechos, además de formar ciudadanos, potencia que las víctimas de abuso y violencia sean conscientes de su situación y de que les pertenecen determinados mecanismos de garantía. A su vez, permite que el victimario potencial sea sabedor de que sus acciones vulneran principios muy importantes, también para él.

Pensamos que el sistema educativo es esencial a la hora de transmitir a la juventud los valores que encarnan los derechos humanos y en nuestro caso, la Constitución. Resulta difícil concebir un futuro en el que los ciudadanos desconozcan los valores de su sociedad. Sin embargo, para imaginar cómo será el futuro de las sociedades basta con echar un vistazo a cómo educan a los niños y qué valores les transmiten. La escuela y sus profesores albergan un poder transformador inmenso y son la estrategia principal en la lucha contra los grandes males que han surcado el siglo XX y que nos esperan en los próximos decenios. Atender a cómo se educa es parte de la defensa central frente a los riesgos existentes y los que aun se desatarán para la joven humanidad por venir.

Así se reconoce por la ONU, la UNESCO, el Consejo de Europa y otras grandes organizaciones internacionales que ponen su foco en la educación en derechos humanos de los jóvenes para generar adultos libres, liberados de violencia y comprometidos con la ciudadanía democrática. Supone situar el poder en las personas, concienciando sobre su capacidad de exigir la vigencia de sus derechos más personales y valorando su entendimiento del mundo y los problemas de sus comunidades. Además del acceso a una educación de calidad, la exigencia de recibir una educación en derechos humanos es ahora más que nunca una exigencia internacional ligada al desarrollo sostenible, la paz y la igualdad y que la Agenda 2030 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas ha tenido a bien llamar ciudadanía mundial.

Así pues, aparece inevitablemente la pregunta: ¿Cómo vamos a ayudar? ¿Podríamos empezar por hacernos una idea real de cómo se estudian los derechos humanos en España?…

¿Cómo se enseñan los derechos humanos, la Constitución y la ciudadanía mundial en España?

La observación sobre qué sucede en los centros educativos en el caso español resulta compleja. La normativa general del sistema educativo deja un amplio margen de actuación a las Comunidades Autónomas; éstas dejan cierto margen a los centros y los centros, inevitablemente, dejan cierto margen al claustro y profesores que deben ajustar los contenidos docentes a sus alumnos. Por ello, un estudio de la normativa general resulta poco esclarecedor. Desde la derogación de la asignatura de educación para la ciudadanía en 2013, no está demasiado claro dónde ni cuando se estudian los contenidos relacionados con la Constitución y con los derechos fundamentales que ésta ampara. La ausencia de una regulación general y la sustitución de la asignatura por una atomización de los contenidos deja en manos del profesor y los centros gran parte de la elección sobre qué y cómo enseñar.

También añade incertidumbre el elevado número de acciones que se llevan a cabo en los centros que están relacionadas con los derechos. Además de la transmisión de conocimiento como tal, la práctica y el día a día de la vida y política escolar transmite un mensaje sobre el valor de los derechos, al igual que la convivencia en las aulas, el comportamiento de los alumnos y de los profesores y la apertura a la participación en la toma de decisiones a menores de edad.

Así, para tomar el pulso de cómo se enseñan los derechos humanos es necesario atender directamente a lo que sucede en el aula, a lo que hacen los profesores en sus mejores prácticas, a los talleres que reciben los alumnos, a las charlas, a los programas de ayuda y apoyo prestados por parte de organizaciones externas, a las políticas del centro y los apoyos con los que cuentan. Todo ello configura una visión y unos valores que se transmiten desde el centro a los alumnos y que resultan esenciales para su comprensión del mundo y de la idea de justicia basada en el respeto y la igualdad.

Al visitar un colegio o instituto, resulta sencillo encontrar colgadas de sus paredes murales, carteles y posters hechos por los propios alumnos con motivo de la ecología, la sostenibilidad, la paz, la igualdad, los derechos humanos, la inclusión y la accesibilidad; Celebran el día de la mujer, del niño y demás días internacionales; reciben visitas de organizaciones no lucrativas que realizan talleres de formación específicos, sobre prevención de la violencia infantil a través de la música, del arte o del deporte. Son prácticas que se llevan a cabo gracias a la autonomía de los centros, primeros termómetros sociales de qué sucede en su entorno y qué necesidades educativas requieren sus alumnos. La decisión está motivada por los profesores quienes conocen a sus alumnos y son capaces de ver y evaluar el crecimiento personal del alumno.

Alumnos aplaudiendo y riendo en el acto conmemorativo de los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, celebrado por la Fundación Gregorio Peces-Barba.

¿Por qué realizar un estudio en España sobre la educación para la ciudadanía mundial?

El foco en la educación lo aportan esencialmente las Naciones Unidas quienes acuñan el término educación para la ciudadanía mundial en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, concretamente el Objetivo 4.7, sobre “educación para la ciudadanía mundial”. Se trata de una denominación en la que se engloba la educación para la sostenibilidad, ecología y medioambiente, paz, desarrollo e igualdad explicada desde los derechos humanos. El objetivo general es concienciar a los alumnos acerca de una problemática común entre ellos y el resto de personas del planeta así como la existencia de unas herramientas jurídicas y políticas diseñadas para protegerles. Esta exigencia de las Naciones Unidas supone una obligación internacional.

Nos resulta un enfoque particularmente valioso dado que la educación para la ciudadanía mundial evoca la necesidad de una respuesta ante el abuso, la opresión, la humillación, la discriminación y la exclusión. La respuesta no consiste en aguantar y someterse al abuso o en huir de él. No consiste en responder de forma violenta. Consiste, más bien, en el empleo de la organización social y sus herramientas para ponerle fin. Es una respuesta que emplea el Derecho y al hacerlo, lo mejora.

Esta forma de respuesta repercute en una consecuente mejora del sistema democrático que se refuerza cuando se usa y proporciona una respuesta. Si no se usa, no puede proporcionar respuesta y si no proporciona respuestas, se genera una exclusión política respecto del mismo. Con la educación para la ciudadanía mundial, por tanto, se aspira a “democratizar la democracia” y hacerla llegar a aquellos núcleos sociales y demográficos que no han sido directamente favorecidos por su implementación y que no son receptores ni conscientes de la cultura que la ampara.

Los objetivos y resultados esperados

Con este trabajo aspiramos a observar las prácticas educativas en los centros de educación; medir y cuantificar su eficacia y aportarle a los profesores aquellos apoyos formativos que demanden. Queremos sintonizar y ampliar el volumen de las mejores prácticas educativas, lo haremos a través de www.defiendelosderechoshumanos.org

El principal resultado que esperamos es el de apoyar a todos aquellos que ya están trabajando en los centros enseñando derechos humanos a los alumnos. Por nuestra parte, centralizaremos los datos y la información con ánimo de potenciar el trabajo de los profesores.

Parte del díptico del Observatorio de Educación para la ciudadanía mundial en correspondencia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4.7 de la Agenda 2030.

¿Podemos contar contigo?

Los primeros pasos del proyecto están dados. En los siguientes vamos a realizar un mapeado de centros escolares y desagregar sus datos para poder comparar cuales de ellos realizan prácticas relacionadas con la ciudadanía mundial. Qué número de prácticas, qué valor darle a cada una, cómo medir su eficacia, qué tipo de información crear con los datos obtenidos, con qué datos económicos, poblacionales ya existentes cruzarlos y otras muchas cuestiones aun están por determinar.

Para resolverlas queremos contar con tu ayuda y apoyo. La queremos usar para dar los siguientes pasos en el proyecto de creación del Observatorio de educación para la ciudadanía mundial . Puedes hacer lo siguiente:

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  2. Rellena esta encuesta para darnos tu opinión sobre este proyecto.
  3. Escríbenos y facilítanos tu opinión y experiencia laboral en los centros educativos.
  4. Ayúdanos a desarrollar la plataforma (por ahora sólo socios)
  5. www.defiendelosderechoshumanos.org

¡Gracias por tu tiempo e interés!