Una lección sobre el Valle de los Caídos

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18 de noviembre de 1983- la clave valle de los caidos portada
Fotograma del programa La Clave del 18 de noviembre de 1983 en la que se debatió sobre el Valle de los Caídos, tras la emisión de la película “Tierra de Faraones”.

El vídeo que hoy se puede ver en youtube del programa “La Clave” que trató sobre el Valle de los Caídos en 1983 y que se emitió a dos días del aniversario de la muerte de Franco, no se inicia con su clásica sintonía. Comienza interrumpido tras unas franjas grises tras las cuales sí podemos ver algunas de sus otras señas de identidad: el presentador José Luis Balbín, la cartelería, la disposición de las sillas, el tono de los asistentes, sus formas y cierta aspiración de los contertulios de mirar hacia el futuro, más que hacia el pasado. Hoy en día, el programa parece una rareza a aquellos que no conocieron sus emisiones. El mismo se desarrolló, como era habitual, en un formato extraño para nuestros días, sin gritos, sin una estética muy cuidada, sin anuncios y con una película entre medias. Entender el cine como excusa para charlar y debatir ya era una tendencia en Cuadernos para el Diálogo que le dedicaba una sección a los estrenos de cine, a pesar del caracter político de la revista.

El asunto que reunió a los contertulios, entre ellos el padre de Gregorio Peces-Barba, es el de debatir acerca del simbolismo que el monumento tenía para nuestra entonces joven democracia, acerca de qué hacer con él una vez muerto el dictador. Hoy, tras la ya consumada exhumación del general Franco del Valle de los Caídos, donde fue enterrado, el debate se replica. Por eso, las consideraciones de entonces, tal y como se produjeron en el vídeo, quizá no hayan perdido totalmente su sentido.

Vídeo del programa completo

En el vídeo aparece un interesante testimonio de D. Gregorio Peces-Barba del Brío, padre de Gregorio Peces-Barba Martínez (que ya era entonces Presidente del Congreso de los Diputados). Queremos apuntar el sentido de sus palabras, que nos evocan, ya pasadas décadas desde las mismas y a la vista de nuestra vida política, la necesidad de recordar y no olvidar las lecciones aprendidas. Y esa es la principal razón que nos empuja a recuperar hoy este vídeo, precisamente su actualidad. Coincidiendo con la llegada de nuestra democracia a la madurez, se inicia una nueva etapa política para el monumento, aun por definir. En efecto, el monumento está privado sólo en parte de su simbolismo, albergando aun un gran potencial de comunicación política.

Habría que destacar en primer lugar que Gregorio Peces-Barba del Brío nos habla desde la experiencia de ser un preso político bajo el régimen de Franco. Pasó por más de 14 cárceles, la última precisamente en el Valle de los Caídos realizando trabajos forzados una vez la condena a la pena de muerte le fue conmutada. El carácter de la condena inicial fue por actuar en razón del cargo público que le asignó la República. El delito del que se le acusó, auxilio a la rebelión, se creó tras vencer la Guerra civil el bando nacional, ignorando la irretroactividad penal y conviertiendo la condena en una mera cuestión de fuerza, amparada en una ideología que se imponía al Derecho y a uno de sus principios más elementales: nulla poena sine legge.

Quizá por eso sorprende lo que quiso transmitir a sus hijos, estando en el Valle de los Caídos y también mucho tiempo después. Al respecto quiso hacerlos herederos del “clima de comprensión y terminación de los rencores”, no en la profundización de los mismos, ni en la revancha. Para Gregorio Peces-Barba del Brío, las heridas de la Guerra civil estaban tan frescas, aun en 1983, que según nos dice no creía conveniente más que curarlas construyendo España “conjuntamente”, sin echar la vista atrás ni juzgar, cosa que deja a la historia, a la posteridad, a las futuras generaciones, quizá a nosotros.

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Gregorio Peces-Barba padre, ya designado como Consejero de Estado por Felipe González, interviene en el debate.

A lo largo del programa de televisión Gregorio Peces-Barba padre tuvo también ocasión de proponernos qué hacer con el Valle de los Caídos, ya con Franco enterrado en él y ya en una vida normalizada en la democracia. En ese sentido, pese a la inequívoca finalidad original del mismo, como monumento de los vencedores sobre los vencidos, su propuesta es la transformar el mensaje que transmite el monumento. De hecho, lo considera indestructible en tanto que es un “testimonio de la historia, y que nos sirve a los vencidos que no tenemos un espíru revanchista para educar a las generaciones futuras; para decirles que aquello sirva para que los españoles no vuelvan a entrar jamas en una nueva Guerra civil”. […] “nos escuchan muchos millones de españoles que no conocieron la Guerra civil. [El monumento debería ser para ellos:] Un ejemplo de comprensión, de generosidad, de amor al prójimo. Para poder decirles – ahí tenéis ese ejemplo, que no tengamos que volver a levantar un monumento como este.”

La construcción del Valle de los Caídos.

El sentido general de sus palabras nos invita a reflexionar hoy sobre nuestra democracia, su memoria y su educación. Al respecto de esta última, si bien en el programa de 1983 aparece la preocupación por educar sobre la Guerra civil a los nacidos con posterioridad a la misma, hoy tenemos una preocupación por educar en la Constitución a aquellos que no vivieron en la España sin libertades, bajo el régimen de Franco. Es decir, lo que puede resumirse en la importancia de respetar al discrepante, en evitar polarizar y dividir a la sociedad, en condenar la equidistancia frente a sesgos totalitaristas, en instruir suficientemente a la población sobre la política y el Derecho y su funcionamiento, en mantener una prensa plural, veraz y objetiva, en garantizar un acceso a la función pública libre de sesgos políticos, en liberar los espacios públicos de coacciones y violencia, en respetar la legalidad y la separación de poderes… Y además, la educación supone el no perder la memoria, no sólo de los hechos, si no más especialmente aun de las sinrazones que originan los hechos. Más que reconocer los hechos y paliar el dolor, la memoria consiste en comprender las razones que los produjeron y son esas razones las que hay que desmontar y desarticular, advirtiendo acerca de las mismas y alertando acerca de su peligr. La única forma de no perder la memoria de la sinrazon es recordando y educando en la razón.

La postura de Gregorio Peces-Barba del Brío es difícil de imaginar a nuestros ojos. Habiendo sido injustamente apresado, aboga por el perdón y es capaz de elevarse y situar lo humano por encima de lo ideológico. De hecho, el propio Gregorio Peces-Barba, hablando de su padre, escribe: “Nunca nos transmitió sentimientos negativos por los malos años de la cárcel y de la condena a muerte, ni reprochó ni culpó a nadie en concreto, aunque expresaba siempre su rechazo a Franco, a su régimen y a la represión de republicanos y socialistas”.

Esta es posiblemente la lección más oportuna que nos transmite este vídeo y que nos facilita comprender algo mejor la personalidad y ejemplaridad de Gregorio Peces-Barba. De hecho, su capacidad de valorar a las personas por encima de las ideas, algo que tanto quiso transmitir, viene también auspiciado por la educación que recibieron tanto él como sus hermanas y hermano por parte de madre. En ese sentido, contamos con el testimonio de Isabel Martínez Veiga, madre de Gregorio Peces-Barba, quien escribe sus memorias “La lucha de una demócrata”. En dichas memorias da cuenta sobre todo de los años de cárcel de su marido y explica con cuidado detalle el día a día de la familia de un preso político en su sentido más estricto.

La introducción de las memorias está a cargo del propio Peces-Barba. Allí completa la obra de su madre con sus recuerdos. Nos dice: “Durante mis primeros años acompañé a mi madre, en las visitas a las cárceles de Porlier y de Torrijos y también al final al Valle de los Caídos donde mi padre pasó los últimos meses de reclusión. Allí, en una de las últimas visitas dormí con él, al lado de su petate. Tenía cinco años y me sentí muy feliz por poder estar con “mi papá”, que hasta entonces era una gran desconocido”… Su padre replica, desde su punto de vista y comunicando su alegría vivaz por el episodio, las mismas consideraciones en el vídeo de arriba.

Se explica con detalle en las memorias este y otros episodios sobre el régimen de visitas a los presos, las complicidades con vecinos y amigos, las ayudas y los desaires. Da cuenta agradecida de los detalles, amistades y ayuda de las personas de uno y otro bando. Pero entre las líneas que escribe subyace esencialmente su respeto a las personas, independientemente de sus ideas bajo un contexto en el que las ideas no respetaban a las personas. Al final de la obra, cuando su marido abandonaba al fin la cárcel, recuerda: [Como en el destacamento de Cuelgamuros] “no había nadie que pudiese ir al Escorial, el director le proporcionó a mi marido un caballo para que personalmente pudiera ir el mismo a recoger el telegrama que le concedería, por fin, su libertad”…

Es destacable la capacidad de la familia para elevarse por encima del rencor y del reproche frente a las personas, la situación o la ideología que les sometió a tal trance para valorar con cariño, afecto y emoción los episodios de encuentro e intimidad humana. Pero también queremos asociar ese planteamiento de elegir a la persona por encima de la ideología con el tenor subyacente a los derechos humanos recogidos en las grandes declaraciones internacionales de derechos y Constituciones contemporáneas. La fuerza expansiva de los mismos nos comunica esa idea motor que es necesario transmitir a las generaciones venideras: valorar a las personas aun a costa de nuestras ideas y hacerlo instruyendo, respetando la plurialidad y mostrando con actos el buen hacer. En este sentido, la gran lección que nos aporta el Valle de los Caídos es la de hacernos conscientes de la pregunta acerca de si nuestra democracia está capacitada para continuar transmitiendo nuestra memoria, el sentido y origen de la Constitución y de los derechos fundamentales, en definitiva, de educar constitucionalmente al ciudadano.

Familia Gregorio Peces-Barba
26 de abril de 1944 día en que Gregorio Peces-Barba del Brío sale de Cuelgamuros con la libertad condicional concedida el 21 de ese mes. En la foto, la familia reunida. El niño, Gregorio Peces-Barba a los 6 años de edad

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