VII Jornada Gregorio Peces-Barba

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VII Jornada Gregorio Peces-Barba. 23 de enero de 2020, a las 19:00h en el CaixaForum de Madrid (Paseo de Recoletos, nº 36, Madrid)
Cartel de la VII Jornada Gregorio Peces-Barba. 23 de enero de 2020, a las 19:00h en el CaixaForum de Madrid (Paseo del Prado, nº 36, Madrid)

Educación y Democracia

A continuación, te invitamos a ver los primeros minutos del evento. ¿Que piensas de la performance inicial? ¿Sabes qué tiene que ver con la Educación y la Democracia?

Inicio del acto con la performance de los alumnos del IES Barrio Loranca, dirigida por la Fundación Yehudi Menuhin. Presentación y agradecimientos del Presidente de la Fundación, D. Julián García Valverde.
Vídeo completo del debate de la VII Jornada Gregorio Peces-Barba: “Educación y Democracia”

En la tarde del 23 de enero de 2020, más de trescientas personas llenan el auditorio del CaixaForum de Madrid, atendiendo a la invitación de la Fundación Gregorio Peces-Barba para debatir sobre “Educación y Democracia”. Virgilio Zapatero modera el debate y comienza planteándole a los ponentes la siguiente pregunta: ¿Mejora la educación la calidad de nuestras democracias?. Una pregunta amplia y abierta que comienza respondiendo José María Maravall, ex ministro de Educación en los años 1980 durante dos legislaturas seguidas. – No, …al menos no necesariamente.

De izquierda a derecha: D. Virgilio Zapatero, Dña. Victoria Camps, D. José María Maravall Fundación Gregorio Peces-Barba
De izquierda a derecha: D. Virgilio Zapatero, Dña. Victoria Camps, D. José María Maravall

El público escucha. Los dos ex ministros de educación presentes en el auditorio escuchan. Pero no hay reacción, ni sorpresa, quizá conocedores de esta verdad con matices que nos evidencia el mundo de la Educación. Es un público aparentemente consciente de que la Educación, aun siendo necesaria, no es la solución a los problemas políticos.

También responde Victoria Camps en la misma línea, afirmando la incapacidad e inviabilidad de nuestras escuelas para resolver todos los problemas políticos que nos salen al paso. No basta con la simple incorporación de asignaturas en los planes de estudio. Si esto es así, si la educación no nos sirve para resolver nuestros problemas, aparece necesariamente la pregunta: ¿por qué educar? y, más especialmente ¿por qué educar en valores?

Detalle del evento desde el fondo del auditorio del CaixaForum de Madrid. Fundación Gregorio Peces-Barba
Detalle del evento desde el fondo del auditorio del CaixaForum de Madrid.

Hay algunas razones por las que educar, explican los ponentes. Victoria Camps apela a la gran aportación de la educación: la mejora de la capacidad de discernir del individuo. Se concentra en ella para decir que con dicha capacidad, las personas saben qué es correcto e incorrecto en lo moral y también en lo político. Es esa capacidad la que habría que potenciar, más allá de la utilidad directa que pueda obtener el sistema representativo de ella.

Esta es una capacidad cuya importancia tiene límites, nos apunta Maravall. Por un lado, sirve muy bien para el “control retrospectivo”. Es decir, un ciudadano bien formado y bien informado podrá premiar o castigar con conocimiento de causa a los representantes políticos en función de sus resultados pasados. Pero a la hora de facultar a los representantes políticos a ostentar un cargo, el conocimiento y la información ceden su lugar a la ideología y a los sentimientos. La educación, el acceso cultural y físico a la información importa, así pues, “a la hora de evitar castigar a buenos gobernantes” por sus actuaciones pasadas.

Nótese que Maravall evalúa la Educación y su utilidad como parte del sistema representativo, bajo la estructura clásica del “ciudadano informado” como garante de una mejor democracia, cuya voluntad se representa mediante partidos políticos. Camps, la presenta como algo más horizontal y vivido de forma diaria en su quehacer por parte del individuo, con una utilidad enmarcada fuera a priori de la política e inserta en la convivencia.

Detalle de un momento de la intervención. Fundación Gregorio Peces-Barba
Detalle de un momento de la intervención

Las anteriores razones no ocultan que la relación que mantienen la Educación y la Democracia es imperfecta. La conexión directa y automática que alegan es impalpable e incluso discutible, a la vista de los fenómenos políticos a los que asistimos, a la desinformación conscientemente elegida de la población, al desinterés, a la ausencia de deliberación, a la intervención de las emociones en el discurso político, de la exclusión del otro, de los debates sesgados, entre otros males mayores y menores: Mejor educación no quiere decir mejor democracia. Pero, a pesar de ello los dos ponentes encuentran un interesante elemento de encuentro y luz.

Se trata de la capacidad de la sociedad por ofrecer información, conocimiento y, en definitiva, Educación. José María Maravall apela a la “contrademocracia”, ese conjunto de instituciones con un discurso independiente del poder que permita contrastar las narrativas de lo gobiernos. Victoria Camps, a la transversalidad que supone contar con una cultura escolar apoyada por una tarea colectiva de la sociedad, de sus instituciones y organizaciones intermedias: La ciudadanía se educa a sí misma, con la información y con el ejemplo.

Prosigue la profesora Camps: “Toda democracia requiere una ciudadanía informada de sus derechos y deberes”. La conciencia cívica y el marco de actuación en los valores debe enseñarse, “no se aprende espontáneamente”. La educación formal tiene una responsabilidad a la hora de enseñarlo porque, al fin y al cabo, es tarea de la Educación formar la personalidad humana. Es decir, que en una Democracia es tarea de la educación formal el posibilitar el desarrollo de la personalidad humana dentro de los valores de convivencia de la Constitución y el respeto a los derechos humanos y las libertades, de un “mínimo común ético”. El problema, continua diciendo, no es elegir el conjunto de valores que se quiere transmitir, puesto que ya están en la Constitución. El problema surge a la hora de cómo educar para una mejor democracia, qué medios emplear. Y esto, nos dice, no se aprende únicamente en la escuela.

En este sentido, se trasluce la problemática en términos pedagógicos y en términos legales. Estos últimos, en torno a la redistribución de los recursos, el fomento de la igualdad de oportunidades y la división público-privado. Respecto de los primeros, Victoria Camps nos indica que la educación en valores es una práctica, no un mero conocimiento. Se enseña corrigiendo los errores que se cometen, encauzando el comportamiento de la persona y mediante la práctica del ejemplo. Lamentablemente, “nuestras sociedades no reconocen lo que está bien sino el éxito material e inmediato de las personas”. Por eso, la educación moral no puede restringirse a unos contenidos curriculares, a una asignatura. No basta con eso, tienen que ir combinados con una práctica. El conocimiento se puede mostrar en las escuelas pero la enseñanza de los valores debe interiorizarse y eso es lo que la escuela, por si sóla, no puede hacer. Esta práctica es responsabilidad de todos y “la ciudadanía tiene el deber de cooperar con todo aquello que mejora la convivencia”.

Detalle de la performance realizada por los alumnos del IES Barrio Loranca de Fuenlabrada, dirigida por la fundación Yehudi Menuhin. Fundación Gregorio Peces-Barba
Detalle de la performance realizada por los alumnos del IES Barrio Loranca de Fuenlabrada, dirigida por la fundación Yehudi Menuhin.

El moderador finaliza el debate con una ronda de preguntas. Desde el público se retoma la pregunta inicial: Si con más educación no vamos a solucionar los problemas de la política… ¿Por qué educar?– “Dudo de que vayamos a convencer a nadie pero”, responde Victoria Camps, “…¿acaso podemos dejar de hacerlo?. No podemos abandonar esa tarea”.

Del evento y del debate, nos quedamos con tres conclusiones. La primera, aun desconociendo la utilidad, si la tuvieran, inmediata y mediata de la educación en valores, asumimos la obligación de impartir los contenidos como un deber ético hacia la Constitución y la sociedad española, receptora de la cultura de los derechos humanos.

La segunda, creemos necesario hacer saber y hacer público cómo se enseñan los derechos humanos en España. Esto es necesario para que los profesores sepan qué están haciendo sus compañeros en otros centros y que puedan así aprender de sus experiencias mutuas. Para ello hemos creado nuestro Observatorio de Educación para la Ciudadanía Global.

La segunda, que la sociedad debe implicarse en la formación en valores de la juventud. Para apoyar la tarea de los profesores en la instrucción de los derechos humanos y la Constitución, invitamos a los abogados a participar en nuestro proyecto de probono de la abogacía (próximamente).

Os esperamos a todos en nuestra VIII Jornada Gregorio Peces-Barba. Suscríbete a la newsletter para recibir información acerca de la misma.


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